jueves, 11 de diciembre de 2008

Ensayo crítico sobre la mitificación y desmitificación en dos cuentos hispanoamericanos: El ahogado más hermoso del mundo y Virgen de los veranos.

En el cuento “El ahogado más hermoso del mundo” del célebre escritor colombiano, Gabriel García Márquez, nos encontramos con lo real maravilloso, principalmente, reflejado a través de la mitificación de un ente desconocido, que arriba a un pueblo caribeño sin nombre arrastrado por el mar. Este bulto, confundido con una ballena, era un cuerpo inerte del hombre más hermoso que se había visto por esos lugares, que a pesar de haberse ahogado, sin saberse desde cuando, su cadáver se mantenía incorrupto.

Este ahogado llegó a cambiar la vida de todos los pobladores, quienes a pesar de no conocer nada acerca del origen de este sujeto, cuya belleza y tamaño impactaba; decidieron ponerle un nombre: Esteban, dándole así una identidad, un pasado, características propias, como si lo hubieran conocido cuando vivió, alegando que fue un ser humano maravilloso y prodigioso, capaz de hacer milagros. También, lo empezaron a querer, lo hicieron parte de su historia colectiva.

Asimismo, la población se apropió del supuesto cadáver de este ser misterioso, que apareció repentinamente en sus vidas; lo hicieron suyo, lo convirtieron en miembro de su familia. Hay que señalar que la gente se unió gracias a Esteban, porque, previo a su llegada, vivían aislados, independientes unos de otros, sin importarle los demás, a pesar de la cercanía entre ellos, por ser un pueblo pequeño.

En este relato se refleja la ilusión oculta que tenía el pueblo por cambiar su forma de vida, pues cuando Esteban irrumpe en el pueblo, éste era un lugar lleno de carencias. De esa forma, el ahogado llegó simbólicamente a “completarlos”, ya que sin él sentían que estaban “incompletos”, es decir, tenían vacíos en todos los ámbitos, porque llevaban una vida sin sentido, reducida a la monotonía de la cotidianidad.

Hay que destacar que el descubrimiento de Esteban es una casualidad, es decir, ellos no lo buscaron, pero cuando llegó lo recibieron con la curiosidad típica ante lo desconocido. Los niños fueron los primeros en encontrarlo, lo cual se puede interpretar como la necesidad de cambios sociales presente en la juventud, por su carácter revolucionario, ya que ellos son los primeros en avizorar lo que viene para el futuro.

En segundo lugar, los hombres son los siguientes en enterarse de la llegada inesperada del ser mítico, lo cual se puede traducir en que en la sociedad latinoamericana, mayormente machista, los hombres deben ser los que tomen la iniciativa del cambio, en este caso, representado por Esteban, y por último, son las mujeres, quienes, avisadas por los hombres, deben continuar con el cambio en la sociedad.

Por otra parte, el ahogado no es un simple cadáver de un ser humano como lo suponían todos, es un ejemplo a seguir, no sólo por su enorme tamaño, sino por la grandeza que representa su figura. El pueblo llega a mitificar a un desconocido, llegan a inspirarse en él, a identificarse con él, a sentir devoción por él y a pretender mejorar por él, para ser dignos de ser llamados el pueblo de Esteban, un hombre majestuoso.

El ser mítico “con fuerzas ocultas en su corazón” causó revuelo y movilizó a gran cantidad de personas, no sólo del pueblo, sino también de las comunidades cercanas. El pueblo despertó su consciencia, los habitantes se dieron cuenta de su pequeñez y abrieron los ojos ante su pobreza, la estrechez de sus pensamientos, su mínima ambición y aspiraciones por mejorar, su conformismo y su limitada visión del mundo.

Llama la atención que en el imaginario colectivo cada individuo ve lo que quiere ver, piensa lo que quiere y cree en lo que quiere creer, en la mayoría de los casos sin siquiera cuestionar y si se cuestiona se es convencido por la multitud de que la fe colectiva es la correcta, que no debe replicar lo que le dicen los adultos, quienes son los más experimentados y que por ello tienen la razón, aunque no sea la verdad.

En el pueblo caribeño hay un sometimiento de las mujeres más jóvenes a lo que dicen las mujeres mayores, se impone el mito de Esteban y todos por consenso inconsciente lo aceptaron, por una parte, por la compasión por una posible vida llena de sufrimientos y penas que pudo llevar Estaban y, por otra, porque la fantasía y lo maravilloso deslumbraron a la colectividad. El imaginario colectivo se pone por encima de la racionalidad.

En el proceso de mitificación de Esteban evidenciamos que el imaginario colectivo es el que crea las tradiciones y creencias que seguirá un pueblo, para luego difundirlas a través de las diferentes generaciones. En este caso, la necesidad colectiva era la de trascender, porque metafóricamente era pueblo disminuido. Así, notamos que agrandar sus casas equivalía ampliar su visión del mundo.

El rostro de Esteban es símbolo de la identidad, pues el rostro es lo que permite ser reconocido por los demás. La cara de Esteban era bella, manifestaba sus estados de ánimo, aún estando sin vida. Esteban representa a los humillados, los discriminados y olvidados, que buscan reivindicación. El ahogado sobrelleva la muerte, al igual Latinoamérica resiste ante tantos problemas, pasados como presentes.

Según la forma de la narración, el discurso es polifónico, en él nos encontramos con un narrador omnisciente, con las voces del pueblo y al mismo Esteban que dialoga y cuenta cómo se siente, aunque esté muerto. Se podría decir que hay una divinización, puesto que ocurre una transformación de un objeto, (el cadáver) que es idealizado y convertido en sujeto, por tanto, un simple “bulto” que vino del mar se convierte en el agente de la movilización social del pueblo.

Por otra parte, en el cuento Virgen de los veranos del escritor José Emilio Pacheco encontramos una desmitificación de uno de los símbolos más importantes del cristianismo: la Virgen, considerada una figura milagrosa por los devotos y merecedora de diferentes cultos por los fieles.

También, en este relato se revela la astucia de los más aguzados frente a la ignorancia de la mayoría y se hace una crítica a la fe ciega de la inmensa multitud que asume los mitos que les imponen sin conocer las verdades de fondo o los intereses de por medio, como en este caso, en el que el trasfondo era enriquecerse, a través del engaño, con el dinero de los creyentes en las apariciones de la Virgen.

De igual manera, se refleja la estafa que muchos hacen para sobrevivir gracias a la candidez de los pobres, que ven lo que les dicen que vean, aunque realmente no haya ningún milagro que ver, dando así la oportunidad a unos cuantos de hacer negocios sucios con la religión y sus ritos, pues no les importa que jugar con la fe de las personas.

En este cuento se narra que una virgen es tallada “en el árbol del paraíso” y pintada por un hombre, Lorenzo, para hacer creer a los demás que se trata una prodigiosa aparición de la Madre del Señor. Incluso, la falsa imagen es capaz de hacer milagros, porque como plantea el dicho popular “la fe todo lo puede”.

Hay que señalar que, al igual que en el cuento de “El ahogado más hermoso del mundo”, no sólo las personas oriundas de la comunidad en la que se da la supuesta aparición de la Virgen son las que creen en ella, sino también los pueblos aledaños son partícipes del mito y, en el caso del cuento Virgen de los veranos, incluso las familias “acomodadas” llegan a ver la imagen del la Madre de Jesús.

Se podría decir que el narrador ridiculiza la fe que tienen las personas en las supuestas apariciones sagradas, donde ven a Jesús o a la Virgen, siendo figuras no bien distinguidas o manchas en diferentes superficies. Sencillamente, en este relato se manifiesta la manipulación de las creencias religiosas hasta el punto de dejarlas sin valor.

No debemos olvidar que las circunstancias históricas que vivían los mexicanos fueron importantes a la hora de la desmitificación, ya que “aunque había terminado la persecución religiosa, muchas iglesias -sobre todo las iglesitas del campo- seguían cerradas. La gente llevaba años sin tener a quien rezarle de bulto.” Por tanto, este mito inventado y su aceptación inmediata, sin dudas ni recelo, obedecen a una necesidad social de la época.

Además, en el cuento hay crítica social, puesto que se denuncia el abuso a los pobres por una minoría que ostenta el poder, es decir, el típico caudillismo en América Latina. También, se presenta de forma explícita la violencia social, mediante la reacción de la población, que toma la justicia por sus propias manos y que en la propia circunstancia de descubrirse engañados sigue esperando milagros y teniendo fe en la voluntad de Dios y en sus milagros.

En cuanto al procedimiento del relato podemos indicar que en el cuento hay un narrador testigo, que deja claramente una lección al lector: quienes sean los más listos serán capaces de estafar a los demás, porque siempre habrán ingenuos que se acepten pasivamente lo que les dicen sin detenerse a cuestionar y por ellos serán los ignorantes quienes “paguen los platos rotos.”

Finalmente, podríamos destacar que ambos cuentos pretenden concientizar al lector sobre su fe, sobre el tipo de creencias que tiene. Los autores quieren que reflexionemos acerca de los mitos que nos han impuesto y que nosotros hemos aceptado sin cuestionar, de forma irracional, sin usar la lógica y sin tratar de ver más allá de lo que nos dicen.

Asimismo, la intención de los relatos es hacernos pensar sobre la relatividad de las supuestas verdades y de las “realidades” que nos venden día a día, con el respaldo de los medios de comunicación. Igualmente, develan el poder que tiene la imaginación, pero mayormente el imaginario colectivo.

lunes, 1 de diciembre de 2008

El sur o el pasado (ensayo sobre El Sur de Jorge Luis Borges)

En el cuento titulado “El Sur” de Jorge Luis Borges se narra la historia de un argentino descendiente inmigrantes alemanes, Juan Dahlmann, que por la ansiedad de leer un ejemplar de Las Mil y una Noches sufre un accidente que le provoca fiebre y casi lo lleva a la muerte por septicemia.

El tema principal del relato es la muerte, a veces considerada como la única salida a los problemas y dificultades que nos encontramos a lo largo de nuestra existencia. En este cuento se nos presenta a la muerte no como un acto heroico o un sacrificio por los demás, sino que se nos muestra una muerte romántica, heredada de la cultura germánica, es decir, una muerte cobarde, una especie de suicidio, de escapatoria al sufrimiento que nos trae la vida.

Del mismo modo, Borges plantea que la muerte es para algunos la felicidad, un regalo, casi una bendición, porque se convierte en una gratificante forma de sanación y hasta liberación. En cuanto al protagonista, Juan Dalhmann, éste encuentra la muerte en un duelo bajo el cielo abierto, pero esa es para él la muerte deseada, ya que no hay esperanza ni temor, ese es el destino y él lo acepta.

Por otra parte, se retoma la historia de Argentina al recordarnos que es una tierra de vástagos de extranjeros, pues, desde la colonización de América hasta principios del siglo XX, los inmigrantes europeos viajaban masivamente para establecerse con sus familias en el Nuevo Continente, buscando mejorar su condición económica con las oportunidades que les facilitaba el llamado Nuevo Mundo.

En la narración de Borges encontramos elementos intertextuales, puesto que hace mención a tres obras literarias de carácter universal, la primera que se menciona es el poema Martín Fierro, del argentino José Hernández. La segunda es la obra Las Mil y una Noches y en tercer lugar se hace alusión a la novela Pablo y Virginia del escritor francés Jacques-Henri Bernardin de San Pierre.

En lo referente al tratamiento del relato, en “El Sur” nos encontramos con un narrador omnisciente, en tercera persona, que nos detalla el ambiente en el que se mueve el protagonista y que a la vez nos revela su intimidad, sus pensamientos.

Asimismo, en el relato se hace una crítica a la sociedad, en general, que se caracteriza por la hipocresía de los parientes y de los amigos, que dicen las verdades a medias o la ocultan para agradar a los demás o para decirle lo que ellos quieren escuchar.

Respecto al personaje principal se da a conocer al lector que éste heredó una estancia en el sur argentino donde pasaba los veranos y es ahí hacia donde se dirige para convalecer después de la operación y del encuentro cercano que tuvo con la muerte.

Al emprender el viaje en tren hacia el Sur, nos damos cuenta que se presenta un tiempo distorsionado, hablándonos de una conjetura fantástica al sentir la travesía como un regreso al pasado. El viaje al sur indica simbólicamente una regresión, pues no se sigue el Norte, es decir, no se avanza, por el contrario se retrocede. El mismo narrador indica que el sur empieza del otro lado de Rivadavia y que es entrar un mundo más antiguo y más firme, por lo cual, se nos presenta al presente y al futuro como momentos temporales inestables, por lo impredecible.

Siguiendo el tema del tiempo, en la narración se expresa que el ser humano vive en el tiempo, es decir, en la sucesión, su estadía en la vida no estática, ni sempiterna, ya que tiene un comienzo y un final. Al ser humano le está vedada la eternidad terrenal, él tiene un horizonte que seguir, que ha sido trazado por el destino. Sin embargo, éste algunas veces es “ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones”.

El destino y la vida, por lo general, no son justos, porque no le da a cada quien lo que se merece. La distribución de los dones no es equitativa, a unos les da más y a otros les da menos, a unos les da felicidad y goces y a otros les da sufrimiento y penas. Mientras unos ríen otros lloran, mientras unos se aman, otros se odian a sí mismos, como Juan Dahlmann, que detestaba su identidad, su condición de humano.

Borges nos destaca en sus creaciones literarias que el ser humano es uno y varios al mismo tiempo, o sea, muestra al ser humano escindido, tal como en este cuento, donde el protagonista siente “como si a un tiempo fuera dos hombres, el que avanzaba por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio y sujeto a metódicas servidumbres”.

Esa división del ser humano en varios a la vez obedece a la temporalidad, pues en el pasado se es una persona y en el presente y futuro se es alguien diferente, porque las experiencias y las situaciones de la vida nos hacen cambiar o querer transformarnos en alguien más.

En otro sentido, el autor presenta algunos símbolos para estructurar el relato, entre estos están el otoño y el verano. La frescura del otoño es para el personaje “símbolo natural de su destino rescatado de la muerte y la fiebre”, en cambio, el verano representa el dolor y sufrimiento tras el accidente y la operación. La calidez del verano le es hostil a Juan Dahlman por la soledad en que estuvo durante el tiempo que lo internaron en el sanatorio. La brisa y el frío otoñal son una forma de renacer.

De la misma manera, los sueños son otro de los temas recurrentes en las obras de Borges y que se presenta en el relato El Sur, representado en forma de un viaje en tren, cuyo dinamismo e ímpetu se encuentra en los sueños del protagonista. No obstante, ese viaje es un trayecto hacia la muerte y hacia la esperada felicidad.

Para finalizar, hay que destacar que en este cuento el autor pretende recupera el carácter lúdico de las narraciones al permitirle al lector participar en el relato al llenar los intersticios textuales, pues éste debe pensar, reflexionar, no está pasivo ante la narración, él imagina, recrea en su mente lo que pudo pasar, según lo que se insinúa en la narración.