lunes, 1 de diciembre de 2008

El sur o el pasado (ensayo sobre El Sur de Jorge Luis Borges)

En el cuento titulado “El Sur” de Jorge Luis Borges se narra la historia de un argentino descendiente inmigrantes alemanes, Juan Dahlmann, que por la ansiedad de leer un ejemplar de Las Mil y una Noches sufre un accidente que le provoca fiebre y casi lo lleva a la muerte por septicemia.

El tema principal del relato es la muerte, a veces considerada como la única salida a los problemas y dificultades que nos encontramos a lo largo de nuestra existencia. En este cuento se nos presenta a la muerte no como un acto heroico o un sacrificio por los demás, sino que se nos muestra una muerte romántica, heredada de la cultura germánica, es decir, una muerte cobarde, una especie de suicidio, de escapatoria al sufrimiento que nos trae la vida.

Del mismo modo, Borges plantea que la muerte es para algunos la felicidad, un regalo, casi una bendición, porque se convierte en una gratificante forma de sanación y hasta liberación. En cuanto al protagonista, Juan Dalhmann, éste encuentra la muerte en un duelo bajo el cielo abierto, pero esa es para él la muerte deseada, ya que no hay esperanza ni temor, ese es el destino y él lo acepta.

Por otra parte, se retoma la historia de Argentina al recordarnos que es una tierra de vástagos de extranjeros, pues, desde la colonización de América hasta principios del siglo XX, los inmigrantes europeos viajaban masivamente para establecerse con sus familias en el Nuevo Continente, buscando mejorar su condición económica con las oportunidades que les facilitaba el llamado Nuevo Mundo.

En la narración de Borges encontramos elementos intertextuales, puesto que hace mención a tres obras literarias de carácter universal, la primera que se menciona es el poema Martín Fierro, del argentino José Hernández. La segunda es la obra Las Mil y una Noches y en tercer lugar se hace alusión a la novela Pablo y Virginia del escritor francés Jacques-Henri Bernardin de San Pierre.

En lo referente al tratamiento del relato, en “El Sur” nos encontramos con un narrador omnisciente, en tercera persona, que nos detalla el ambiente en el que se mueve el protagonista y que a la vez nos revela su intimidad, sus pensamientos.

Asimismo, en el relato se hace una crítica a la sociedad, en general, que se caracteriza por la hipocresía de los parientes y de los amigos, que dicen las verdades a medias o la ocultan para agradar a los demás o para decirle lo que ellos quieren escuchar.

Respecto al personaje principal se da a conocer al lector que éste heredó una estancia en el sur argentino donde pasaba los veranos y es ahí hacia donde se dirige para convalecer después de la operación y del encuentro cercano que tuvo con la muerte.

Al emprender el viaje en tren hacia el Sur, nos damos cuenta que se presenta un tiempo distorsionado, hablándonos de una conjetura fantástica al sentir la travesía como un regreso al pasado. El viaje al sur indica simbólicamente una regresión, pues no se sigue el Norte, es decir, no se avanza, por el contrario se retrocede. El mismo narrador indica que el sur empieza del otro lado de Rivadavia y que es entrar un mundo más antiguo y más firme, por lo cual, se nos presenta al presente y al futuro como momentos temporales inestables, por lo impredecible.

Siguiendo el tema del tiempo, en la narración se expresa que el ser humano vive en el tiempo, es decir, en la sucesión, su estadía en la vida no estática, ni sempiterna, ya que tiene un comienzo y un final. Al ser humano le está vedada la eternidad terrenal, él tiene un horizonte que seguir, que ha sido trazado por el destino. Sin embargo, éste algunas veces es “ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones”.

El destino y la vida, por lo general, no son justos, porque no le da a cada quien lo que se merece. La distribución de los dones no es equitativa, a unos les da más y a otros les da menos, a unos les da felicidad y goces y a otros les da sufrimiento y penas. Mientras unos ríen otros lloran, mientras unos se aman, otros se odian a sí mismos, como Juan Dahlmann, que detestaba su identidad, su condición de humano.

Borges nos destaca en sus creaciones literarias que el ser humano es uno y varios al mismo tiempo, o sea, muestra al ser humano escindido, tal como en este cuento, donde el protagonista siente “como si a un tiempo fuera dos hombres, el que avanzaba por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio y sujeto a metódicas servidumbres”.

Esa división del ser humano en varios a la vez obedece a la temporalidad, pues en el pasado se es una persona y en el presente y futuro se es alguien diferente, porque las experiencias y las situaciones de la vida nos hacen cambiar o querer transformarnos en alguien más.

En otro sentido, el autor presenta algunos símbolos para estructurar el relato, entre estos están el otoño y el verano. La frescura del otoño es para el personaje “símbolo natural de su destino rescatado de la muerte y la fiebre”, en cambio, el verano representa el dolor y sufrimiento tras el accidente y la operación. La calidez del verano le es hostil a Juan Dahlman por la soledad en que estuvo durante el tiempo que lo internaron en el sanatorio. La brisa y el frío otoñal son una forma de renacer.

De la misma manera, los sueños son otro de los temas recurrentes en las obras de Borges y que se presenta en el relato El Sur, representado en forma de un viaje en tren, cuyo dinamismo e ímpetu se encuentra en los sueños del protagonista. No obstante, ese viaje es un trayecto hacia la muerte y hacia la esperada felicidad.

Para finalizar, hay que destacar que en este cuento el autor pretende recupera el carácter lúdico de las narraciones al permitirle al lector participar en el relato al llenar los intersticios textuales, pues éste debe pensar, reflexionar, no está pasivo ante la narración, él imagina, recrea en su mente lo que pudo pasar, según lo que se insinúa en la narración.

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